Thursday, June 10, 2004
"EL PRIMER DEBER..." (Fantomas)
Adelantándose a sus palabras, el narrador le alcanzó fuego a la nena platinada. Para muchos portarse bien era eso, no salirse del molde social, un niño bien criado no juega con bolitas en un tren, un hombre que vuelve de un tribunal no se pone a leer tiras cómicas ni imagina los pechitos de una chica romana; o bien sí, lee la tira cómica e imagina los pechitos pero no lo dice y sobre todo no lo escribe porque inmediatamente le caerá encima uno de esos fariseísmos de la gente seria que para qué te cuento. Casi divertido (aunque lo jodiera la cosa, el calambrecito de la supuesta culpa) el narrador pensó que alguien muy querido había dicho que el primer deber de un revolucionario era hacer la revolución, frase que andaba engolando muchos pescuezos en tierras calientes y templadas, pero a nadie se le ocurría reparar en esa mención casi marginal de “primer deber”, un deber al que seguían otros, puesto que ése era el primero. Y esos otros no habían sido enumerados porque no hacia falta, porque al decir esa frase el Che había mostrado una ves más su humanidad maravillosa, había dicho “el primer deber” mientras tantos otros hubieran dicho “el único deber”, y en ese pequeño cambio de nada, una palabrita por otra, estaba el gran matete, la diferencia capital no solo en las conductas del presente sino en el destino aún tan lejano de cualquier revolución hecha o por hacer.